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Excelencia Académica
La expresión “excelencia académica” es un concepto que muchas veces se lo atribuyen las organizaciones educativas con cierta ligereza. La excelencia académica es una categorización superior que hace a las personas -estudiantes y profesores-, dignos de un singular aprecio o estimación por la calidad de sus ideas, principios y/o actuaciones, lo que les sitúa por encima del simple cumplimiento formal y rutinario de su deber (enseñar o aprender) y les compromete a generar un producto valioso.
Así entonces, en una institución educativa como la nuestra, la excelencia académica será “el resultado de esfuerzos deliberados por crear y abrir nuevos espacios para la tarea pedagógica, de focalización del trabajo en un ambiente de rigor, sistematicidad, libertad, compromiso e integridad personal; y bajo una ética de respeto, cuidado mutuo y bienestar común”.
Es importante señalar que en el marco de la excelencia académica, el aprendizaje es individual y social al mismo tiempo. Es individual, porque se da en la particularidad única de una persona específica, siendo ésta la responsable última e insustituible de su propio aprendizaje. Es también social, porque participan guías externos, de manera especial, los profesores y las familias, así como los pares y otros interlocutores. Esto nos motiva y desafía a generar contextos favorables de interacción para el desarrollo personal y social de todos nuestros alumnos. Consiguientemente, los profesores se esmerarán en la preparación de los temas y metodologías de clases; diseñarán y/o seleccionarán tareas, acciones, lecturas y trabajos de calidad para cada una de las asignaturas; elaborarán y/o elegirán los mejores procedimientos de evaluación.
La excelencia académica se manifiesta en el conocimiento y dominio de la propia especialidad, cuyo saber entregan generosamente a los alumnos, tomando en cuenta sus particulares características. Una clase de excelencia no es un mero trabajo, sino una actitud y un gesto de bondad, magnanimidad y cortesía.
En los alumnos, son indicadores de excelencia académica su disposición y su curiosidad intelectual, su valoración, autodisciplina y atención en clases; el planificado, cualitativo y productivo aprovechamiento del tiempo de estudio; el cultivo de virtudes y valores; la práctica y uso correcto del lenguaje, la responsable utilización de las capacidades y recursos personales, etc. Todos ellos… facilitadores y expresión a la vez, del dominio de técnicas específicas para el aprendizaje de cada asignatura y el desarrollo de las habilidades correspondientes.
Específicamente la excelencia académica del alumno se evidencia en su capacidad de asombro ante la naturaleza y la cultura; en su aptitud, interés y disposición para observar, abstraer, inferir lógicamente y comprender con claridad y precisión, conceptos, ideas y planteamientos; en la voluntad y tesón para ampliar y profundizar saberes y técnicas constructivas; en su sostenida y afianzada inclinación por escuchar, hablar, leer y escribir con sentido crítico; en su apertura y serenidad para escuchar, reflexionar, cuestionar, refutar o defender posturas propias y/o ajenas; en su empeño por buscar, imaginar y proponer nuevas soluciones; en su valoración y goce ante la contemplación y vivencia del bien, la verdad y la belleza; en su convicción y afán por proceder y actuar éticamente.
Nuestros alumnos que están -obviamente- en un proceso de maduración y formación, requieren del incentivo que genera la conducta y comportamiento de los adultos: en la casa, padres que estimulan la lectura y el diálogo reflexivo sobre temáticas sociales, éticas, políticas, religiosas, científicas, etc. En el colegio, profesores entusiasmados con su trabajo, que se afanan cada día por hacer la mejor clase, confeccionar la mejor evaluación, brindar el mejor acompañamiento… y así transformarse en modelos vivenciales de la excelencia que pretenden y van forjando en sus alumnos.
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